2014

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Censo
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PEQUEÑOS TRABAJOS, GRANDES ESFUERZOS (Villar de Sobrepeña, 1940)

¿En que ocupa su tiempo un niño de 9 años en el año 2014? Casi con toda seguridad, y dentro de las posibilidades de cada familia, hoy en día un niño de ésta edad ocupará su tiempo en cosas que hace 70 años eran inimaginables.

Posiblemente tendrá ropa adecuada, no faltará desayuno, comida y cena todos los días, jugará con un montón de juguetes arrinconados en cualquier armario, disfrutará del cariño de su familia y, sobre todo, recibirá una formación que en el futuro le permita alcanzar un deseado bienestar social.

Nada que ver con la historia de una niña, que allá por el año 1937 y con apenas 9 años tenía la responsabilidad de cuidar un pequeño rebaño de ovejas con sus corderos y sacarlos a pastar diariamente, fiestas incluidas, para que, bien alimentados, se pudiesen vender al mejor precio y ayudar en casa a tapar agujeros.

No parece un trabajo que requiera un gran esfuerzo: abrir la tenada, sacar los corderos, estar en el campo, disfrutar del aire puro…

Sin embargo, si pensamos en las condiciones de vida de aquellos años, nos daremos cuenta de que, al revés, para una niña de esa edad, la dedicación diaria a ésta tarea si era importante y penosa.

Levantarse al amanecer para poder estar en Marijave a primera hora de la mañana, recorrer en soledad los más de 2 km desde el pueblo hasta el río, con frío, lluvia, ó nieve, metiendo las piernas hasta la rodilla en cualquier balaguero lleno de agua. Algún que otro sabañón, manos y pies dormidos por el frío, ropa calada, eran compañeros de viaje habituales.

No todo era frío, en verano aprovechando el calorcito y para no perder tiempo en subir y bajar al pueblo, alguna noche se quedaba a dormir en “Cueva Agujero”. (No, no es ningún Hotel. Para los más jóvenes, que no lo conocerán, adjunto fotos).

                     

Esperaba el Pico de la Pontona, La Vega, la tenada con los corderos, y pasar el día en “Los Chapaos”. En aquellos años, ésta zona próxima a Marijave tenía prados y pasto para el ganado, no había ni rastro de los enebros y tomillos actuales.

Dichosos “Chapaos”, cuantas horas dedicadas y que poca recompensa. Pasar todo el día con un cantero de pan relleno de cualquier sobra del día anterior.

En fin, horas de dedicación para conseguir que los corderos estuviesen bien alimentados y que en la carnicería de casa entrasen algunas pesetillas.

Como anécdota, en casa se dice que el cordero “NO DEBÍA DE TENER CUENTA”:

Cuando el carnicero pasaba la mano por el lomo (la columna vertebral) del cordero podía saber si este tenía ó no la carne suficiente para sacarle el mayor rendimiento:

·         “SI TIENE CUENTA, NO TIENE CUENTA. SI NO TIENE CUENTA, TIENE CUENTA.”

SI TIENE CUENTA, es decir si tiene hueso (se notan las vértebras), el cordero NO TIENE CUENTA, o lo que es lo mismo: “No interesa” ya que tiene mucho hueso y poca carne.

 

Por aquellos años, sobre 1940, se engordaba más a los corderos que en la actualidad con el fin de obtener la mayor cantidad de carne para consumo humano. Eran tiempos de austeridad y el objetivo de los ganaderos era conseguir que los corderos tuviesen suficiente carne antes de su venta. Los animales podían pesar hasta 20 kg cuando se sacrificaban.

No tienen nada que ver los corderos “lechales” de 6 semanas de edad que hoy en día se utilizan en cualquiera de los restaurantes en los que se degusta el afamado asado de la zona, con un peso que ronda los 5-8 kg.

Fueron cinco años de sacrificio para una pequeña hasta que, por fin, pudo bajar a Sepúlveda y ayudar en una casa particular. Por lo menos, dormiría y comería caliente.

No es de extrañar que con estas perspectivas de vida, gran parte de los más de 300 habitantes que en el año 1940 poblaban el Villar de Sobrepeña, decidiesen dejar su pueblo en busca de mejores oportunidades, casi todas en la capital como así lo indica el censo del año 1972 en el que la población descendió hasta apenas 79 habitantes. (Ver Anexo).

REFERENCIAS: Trabajo infantil (Cristina Amich Elías. Historia Contemporánea 36: 163-192)

En el campo, y dentro del ámbito del trabajo agrícola  asalariado, el trabajo de los niños era una estrategia de supervivencia de la familia: el jornal del padre era siempre insuficiente para mantener el grupo doméstico, por lo que los niños pronto debían ayudar al sustento y dejar de ser una carga para convertirse en un apoyo.

La Ley más importante sobre esta materia fue promulgada nada más iniciarse el nuevo siglo, el 13 de junio de 1900, y posteriormente articulada a través de un Reglamento del mismo año (13 de noviembre): Se prohibía el trabajo de menores de 10 años (salvo en trabajos agrícolas y en talleres familiares).

Nota ₁:El trabajo de los menores en tareas agrícolas no se prohibió en el ordenamiento jurídico español hasta la llegada de la Democracia a finales de los años 70. Pero el fallo no sólo estaba en la falta de prohibición, sino principalmente en la falta de una regulación. Dado que el trabajo de los niños en el campo era necesario para la subsistencia familiar y corriente como estrategia de producción, se hacía necesaria una regulación que impidiese que el trabajo se convirtiese en una explotación limitándolo a una ayuda en las tareas paternas que podía servir de aprendizaje y convivencia.

Nota ₂: La excepción la recoge el Reglamento de 13 de noviembre de 1900, no la Ley, la cual en su artículo 1. º establece la prohibición general de trabajo para menores de 10 años.

Villar de Sobrepeña "Segovia"

 

Actualizada a  19/11/2018

    

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